Ilustración de Mikel Jaso
VICENÇ NAVARRO
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra
Uno de los mayores problemas que tiene la democracia española es la
muy limitada diversidad ideológica existente en los mayores medios de
información existentes en nuestro país. A lo largo de mi vida, he tenido
que vivir en varios países: Suecia, Reino Unido y EEUU, además de
España. En Suecia hay medios de información de todo signo. Y no hay
temas tabúes. A la monarquía y al monarca, por ejemplo, se les critica
constantemente en tales medios. Un tanto semejante ocurre en Reino
Unido, donde la familia real (liderada por la reina) es sujeto de
crítica continua. Y en EEUU, donde la diversidad ideológica en los
medios es más limitada que en Reino Unido o Suecia, existen, sin
embargo, cadenas de televisión de izquierdas, como Democracy Now! o
MSNBC, entre otras. Y los medios, tanto los de derechas como los de
izquierdas, no tienen ningún reparo en criticar duramente al presidente
de EEUU. Estuve trabajando en la Casa Blanca (a propuesta de los
sindicatos y del Rainbow Coalition –la izquierda dentro del Partido
Demócrata–) durante la Administración Clinton, en el grupo de trabajo
responsable de realizar la reforma sanitaria, y pude ver la cantidad de
críticas durísimas que se hicieron (con razón) en los medios al
presidente Clinton durante el famoso caso Lewinsky.
En España, sin embargo, hay una larga lista de tabúes, y la monarquía
es uno de ellos. Sólo hace un par de años comenzaron tímidamente a
aparecer críticas de personajes de la familia real, aunque la monarquía
como institución continúa siendo un tabú. Los medios televisivos todavía
hoy vetan las críticas a la monarquía, habiéndose dado recientemente
varios casos de censuras de programas televisivos críticos con el
sistema monárquico vetando voces a favor del sistema republicano.
Otro ejemplo de esta falta de diversidad en los medios de mayor
difusión en España es la cobertura de la crisis actual y sus posibles
soluciones. Durante mucho tiempo, la respuesta prácticamente unánime
transmitida en los mayores medios de difusión frente a la crisis era que
tenían que hacerse recortes de gasto público para reducir el déficit y
salir así de la crisis. Ninguno (repito, ninguno) de los medios de mayor
difusión del país apoyó editorialmente alternativas como aumentar los
ingresos al Estado, implementando una muy necesaria reforma fiscal que
permitiera el aumento del gasto público, estimulando el crecimiento
económico. Sólo más tarde se comenzó a discutir esta posibilidad, cuando
(como era predecible y como indicamos varios autores) se vio que tales
políticas de “austeridad” llevaban y continúan llevando al desastre
económico (sin excluir la posibilidad de llegar a una Gran Depresión). Y
hoy, ningún medio de gran difusión ha facilitado o planteado un debate
sobre la permanencia o salida de España del euro como posible salida de
la crisis (Suecia, sin euro, es el país que está creciendo más en la
UE-15). El silencio sobre estos temas es también ensordecedor.
Naturalmente que España no es una dictadura. Voces de izquierda
aparecen y se permiten, pero siempre en situación muy minoritaria, casi
marginal. Dentro de este panorama hay poquísimas excepciones. Y una de
ellas es Público, al que, maliciosa y erróneamente se le ha
presentado como “el diario del Gobierno de Zapatero”, cuando, en
realidad, ha sido el rotativo que ha incluido más voces críticas a tal
Gobierno desde la izquierda, y cuando el apoyo financiero desde
instancias gubernamentales ha sido más bajo de lo que incluso le
corresponde. Pero Público hoy está en peligro de desaparecer.
Y, por desgracia, no es la primera vez que ello ocurre. La prensa de
izquierdas no arranca en España, y ello a pesar de que todas las
encuestas señalan que la mayoría de la población se ubica desde el
centro izquierda a la izquierda. ¿Por qué no cuaja?
Y aquí también hay que hablar claro. Tenemos un problema en España
con las izquierdas, puesto que su comportamiento contribuye a que no
surjan rotativos de todas las izquierdas. Ni que decir tiene que las
derechas tienen los medios financieros que las izquierdas no tienen. Y
los anuncios que aguantan un rotativo escasean en medios que, por
definición, son críticos de las estructuras de poder, incluyendo las
económicas, financieras y comerciales. Pero, por muy poderosos que sean
estos factores (y lo son), el hecho es que hay otros factores que
también explican esta situación. Y entre ellos está la falta de
movilización de las propias izquierdas, incluyendo partidos políticos,
sindicatos y movimientos sociales que, a no ser que sean sus propios
medios (convirtiéndose en sus portavoces), no se movilizan para crear
una cultura y una prensa de todas las izquierdas. ¿Cómo puede ser que de
más de diez millones de españoles que votan a partidos de izquierda, o
de casi tres millones de sindicalistas, y de más de dos millones de
asociaciones sociales progresistas, sólo 87.000 se suscriban a Público?
¿Cómo es que la mayoría de personas que votan y/o se consideran de
izquierdas leen primordialmente prensa que no es de izquierdas? Hay una
falta de movilización de las izquierdas (y de sus instrumentos) en
promover la suscripción a Público, permitiendo un dominio casi
absoluto de las derechas y de lo que se llama centro (que es derecha
moderada) en los medios de mayor difusión de España.
Si cada lector que encuentra Público de interés y simpatiza con sus contenidos se suscribiera, tendríamos Público
para años. Que esto no ocurra es un síntoma de un problema mayor que la
posible pérdida de tal rotativo (que es en sí una enorme pérdida). Es
un indicador más de esta falta de movilización de las izquierdas para
crear foros de expresión de todas las izquierdas, como es, y esperemos
que continúe siéndolo, Público por muchos años.
Diario PÚBLICO 26/1/2012

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