lunes, 2 de mayo de 2011

Un artículo de Manuel de Val - 1

Manuel de Val publicaba regularmente artículos en Madrid. Su hijo Manuel tuvo la amabilidad, hace ya tiempo, de enviarme una amplica colección de ellos. Uno de los no se encontraban entre aquellos y que ahora se puede consultar en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional es el que comienzo a reproducir en esta entrada, pero que por su extensión se completará en las dos siguientes siguiendo su estructura. En él se denunciaba la persecución que padecían las instituciones populares, que pretendían poner la cultura al alcance del pueblo sin la intervención de élites y oligarquías, y refiere tres ejemplos.



“La Libertad en Santander”

LA CULTURA DEL PUEBLO Y SUS ENEMIGOS

Hace cinco años aproximadamente nació el Ateneo Popular de Santander. Un puñado de hombres tuvimos el valor de abrir sus puertas, cuando huracán de calumnias e injusticias caía violentamente sobre aquella modesta idea, recién cuajada al calor de nuestros entusiasmos.

Los empujones de la injusticia siguieron en su empeño de ahogar la vida, débil, recién nacida, de la Sociedad.

Eran aquellos los momentos propicios a la torpe maniobra. Carecíamos de historia con que desmentir tanta conjetura, nacida con el propósito de desacreditar nuestra vida futura. Y éramos pocos, muy pocos, y muy modesta nuestra calidad social para apelar a otros medios de defensa, que además eran repudiados por nuestra dignidad.

Sin rectificar nuestros propósitos –preferíamos caer en las sombras espesas de la calumnia antes que sumirnos en la indignidad dando un giro acomodaticio a la idea que nos había agrupado- sin torcer nuestros propósitos, desplegamos públicamente nuestro programa en actos que se celebraron con la cooperación de algunos intelectuales de talla. El prestigio de ellos, puesto a nuestro servicio, fue como una coraza sobre la que rebotó, por últimas veces, la calumnia, sin lograr herirnos.

La escaramuza se había decidido a nuestro favor.

El enemigo, encubierto siempre, buscaba nuevas sombras en que pasar inadvertido en el fracaso.

El progreso del Ateneo Popular era rápido, irremediable,

Al pueblo no se le pudo «desgraciadamente», contener. Iba, lleno de entusiasmos, a ensayar una nueva vida, a intentar sacudir tantas cosas «fatales» que venían gravitando sobre sus hombros como una carga insostenible. ¡Se iba a educar!

Hoy, quinientos alumnos y centenares de hombres que reciben los beneficios del Ateneo en su salón de actos o en su biblioteca, hacen la propaganda suficiente para que la insidia no pueda renacer,

La obra está hecha, «irremediablemente hecha», para los que quisieron evitarla.