lunes, 2 de enero de 2012

Falleció el doctor Guerra Pérez-Carral

Fotografía de Pablo Linés Vinuelles, tomada del libro  
Una biblioteca ejemplar. Tesoros de la colección Francisco Guerra en la Biblioteca Complutense

Cantabria tierra agradecida a sus mejores hombres y mujeres, como manda la tradición, es capaz, como lo acaba de demostrar, de ignorar tranquilamente la desaparición de alguien como el doctor en varias disciplinas académicas Francisco Guerra Pérez-Carral, fallecido en Madrid el pasado día 25 de noviembre.
A pesar de ser Hijo Predilecto de Torrelavega, ni en aquella localidad, de la que su actual alcalde es también médico, ni en ningún otro ámbito o foro ha habido un sólo dirigente político que haya hecho mención a él (y mira que he dejado pasar tiempo). Sólo algunos blogs o páginas webs de autor han recordado su figura.
En prensa escrita apareció una necrológica de Juan G. Bedoya en El País, pero en Cantabria ni una palabra y en concreto en El Diario montañés se han negado a publicar un breve texto que envié. Probablemente su pecado fuera ser republicano y no renunciar a ello durante toda su vida.
Con razón legó su biblioteca a la Universidad Complutense. Una biblioteca que es, quizá, la más extraordinaria que haya formado en el siglo XX ningún cántaro.


Esta y no otra es la realidad de la cultura en Cantabria, por muchos millones que se lleven fundaciones y proyectos.
En los años que el doctor Guerra ejerció la docencia en la Universidad de Cantabria dejó una huella que se pudo comprobar hace unos años, cuando, con motivo del 75 aniversario del Hospital de Valdecilla, dio una conferencia a la que asistieron numerosos antiguos alumnos. Uno de ellos, mi hermano Jaime, comentó en cierta ocasión: Un profesor excelente, estimulante y nunca del todo satisfecho con lo que se le entregaba; yo no sé las veces que me hizo repetir dos trabajos, uno de Medicina Precolombina, y otro de Medicina del Barroco: ¡si hasta hoy lo recuerdo todavía!  Me enseñó mucho, no sólo Historia de la Medicina.